Seguramente muchos de ustedes cuando fueron niños le pidieron a abuelita que les contara un cuento para poder dormir, pero también es seguro que muchas abuelas no se enteraron de que no pudieron hacerlo cuando "dulcemente una jauría de lobos descuartizó a los niños exploradores que paseaban alegremente por el bosque" y entonces pasaron, además, toda la noche pensando en cómo era posible que fueran felices, comieran perdices y todas esas cosas. Luego, fue abuelita quien insistió en contarles otro cuento y, culpables ustedes de iniciar la costumbre, pasaron las noches de su infancia aterrorizados temiendo terminar tan "felices" como los personajes del cuento. Noche tras noche y cuento tras cuento fueron sometidos a un sadismo inconsciente, inconscientemente pre-concebido e inconscientemente llevado a cabo. Lástima que ni siquiera el colorín colorado rompiera el "desencanto". Ya era tarde para creerle a abuelita lo de "buenas noches" antes de irse.Bueno, los "cuentos para no-niños" son una herramienta clave para abuelitas inescrupulosas que desean continuar su malévola acción y para nostálgicos que añoran recordar aquella epoca en que los hermosos y tiernos cuentos infantiles no los dejaron dormir. Asi, "había una vez", "hubo una vez", "hace mucho tiempo", "hace muchos años" o "murió de un tiro por la espalda" son frases que se repetirán con cierta frecuencia a lo largo de estas publicaciones al inicio de sus cuentos y para las cuales no empleé ni un poco de mi imaginación, al igual que la mayoría de los miles de escritores de cuentos que hay en el mundo que siempre empiezan diciendo igual.
Pero no sólo son cuentos. Ni son la mayoría. Como una novedad incluiré páginas sueltas de textos escritos por niños y que me fueron cedidos gentilmente como parte de una recopilación que hice para una tesis titulada "Antología infantil: Los años de susto". La mayoria de los textos incluían una angustiosa petición que decidí omitir al reproducirlos; sin embargo, para que se hagan una idea de la inquietud que perturbaba a los niños, copié una de ellas a continuación:
"Querida (1) Agüelita:
Desde que me leiste el primer cuento no he podido dormir tranquilo ni una sola noche, por eso te enbio amablemente estas pájinas. Son para que me las leas. . .¡Es que acaso no te das cuenta, vieja decrépita, que eso cuentos horribles no me dejan dormir!. Anda agüelita no seas malas. aunque no me lo creas los malditos escribidores de cuentos no se han dado de cuenta que ". . .y anita cayó por el precipicio quebrándose todas las costillas. . ." no es exactamente dulce e infantil, al menos no lo es para mi. si no te mulesta leeme lo que te mando, que lo escribrí llo y no me da tanto miedecito
tu nieto"
Son palabras que llaman a la reflexión y sería injusto que fueran ignoradas, que no fueran tomadas en cuenta o que no fueran correctamente interpretadas por las abuelas. La suerte del equilibrio emocional de los niños está en sus manos y dependerá unicamente de ellas que este no sea trastocado irremediablemente confinándolos a un manicomio en las afueras de la ciudad donde el diagnóstico de paranoia de rechazo los convierta en un caso muy particular y ¡¡Abuelita NO me cuentes otro!! la frase que los caracterice.
(1): Dudosa su sinceridad
1 comentario:
Gracias a Dios le doy del privilegio que tuve, cuando mis abuelitas nunca me contaron un cuento. En cambio Dios bendiga a mis tias abuelas ellas nos contaban cuentos de Tío Tigre y Tio Conejo, algunos censurados, hoy tendrían que contármelos bajo las supervisión de mis padres, me refiero al de la patilla. Aunque siempre tio tigre quería acabar con tio conejo eran más bien cuentos de humor que de terror. Creo que la moraleja de esta historia es la LOPNA.
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