29 abr. 2013

This is a test...

...please ignore.

But yes...IT'S ME! ;-)

17 sept. 2012

¡Feliz aniversario LQNNC!

Tal día como hoy, pero del año pasado, escribí el anterior post. No todos los días se cumple un año de haber abandonado un blog.

Sirva la ocasión para anunciar que he importado todos los posts desde WordPress, con la excusa de tener un "nuevo blog" que, al mismo tiempo, podría decirse que sí lo es, pues lo llamaré diferente (de hecho, ya existe). Después lo anunciaré. Por lo pronto juego con la plantilla o pienso si la cambio.

Lo que más recientemente me inspiró a volver (a ver si es suficiente, más que mis ganas permanentes) fue el concurso de Banesco de microcuentos, a través de tuiter, en donde resulté clasificado entre los 10 primeros lugares. Para tal concurso escribí 51 microcuentos (después los compartiré también).

(Iba a acompañar este post con un par de imágenes, pero a Blogger no le dio la gana...de pronto me hizo recordar aqueeeella época de Blogger Beta, que tan fallosa era y bastante que me burlé).


17 sept. 2011

Dibujando con caracteres

POSDATA...digo...ANTEDATA: no sé si ya tenía tiempo, pero me encuentro con la opción de utilizar "nueva interface" de Blogger. Muy estilizada y distinta. Interesante y chévere.
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Curiosa aplicación web para hacer "dibujos" con puros caracteres, symbols, etc. Sólo seleccionar, arrastrar, girar, aumentar o disminuir, etc. Luego lo puedes ver como una "peliculita", es decir, ver la reproducción paso a paso de cómo llegaste a tu resultado final.
He aquí algo sencillo.

13 sept. 2011

Mi blog...¡Está vivo!

(La imagen, afiche de una película, no es alusivo a nada,
sólo es la "magia" de "guglear" una frase en busca de una imagen,
que resultó ser el título de una película. Eso es tó')

¿Me recuerda? ¿Alguna vez me leyó? ¿Sabe que existo desde antes que existiera Twitter o Facebook? ¿Sabe que los millonarios son ellos y no yo? Si, bueno, esto último yo también lo sé, para mi desgracia...

El agosto pasado "Lo que nunca nos contaron" cumplió 6 (se lee SEIS) años. Mucho de lo que escribo en Twitter o a veces en mi estatus de Facebook, bien pudo ser material para "Pensamiento filosófico de la semana". Dejémoslo hasta aquí, sólo quería escribir un nuevo post.

POSDATA: ...eh...en serio iba a escribir algo y se me olvidó...
POSDATA 2:  ¡Me acordé y edité el post!...es que me llama la atención el afiche y quizás busque ver esa película. Espero no sea algo tipo "El Leprechaun" :-D

8 ene. 2011

Tráfico de influencias


   Han pasado dos horas desde que el comando antimotines acordonó la plaza del pueblo. Esto implicaba pocos funcionarios, pues la plaza toda era casi del tamaño del pequeño municipio que había organizado el Señora Primera Dama, un concurso para darles que hacer a las esposas de los alcaldes de la aburrida circunscripción. Los funcionarios no han tenido que usar gas lacrimógeno; entre ellos comentan que con la laca en el ambiente ya es suficiente. Peinados desechos y cuentas de collares dispersas por el suelo, dan cuenta de lo caldeados que estuvieron los ánimos más temprano, antes de la intervención policial.

- ¡Señoras, por favor, señoras! –dijo con voz afeminada el presentador del evento– esto podría haberse evitado, recuerden que ustedes son damas de la sociedad, personas decentes, hermosura hecha mujer, decencia ejemplar por donde caminan, donaire y estilo en…
- ¡Callen a la loca! –gritó alguien en la plaza y luego murmurando– o al menos sea sincero y no tan chupamedias.
- Al parecer es hijo de la nuestra –intervino otro observador.
- ¿Nuestra qué, dice usted?
- ¡A pues hombre, nuestra primera doña, como prefiero llamarla!

   El jefe del comando ha pasado las mismas dos horas tratando de contactar al alcalde local. De hecho de los otros alcaldes tampoco se sabe nada. Cruzando la calle, donde la otra acera es ya un municipio diferente, hace rato que se ven circular hombres molestos y mirando hacia la plaza de manera acusadora. Los policías, con sus tapas plásticas como escudos, despliegan extrañas maniobras coreográficas en señal de protección de los presentes. Las Primeras Damas exigen que alguna sea coronada. Entre ellas, en tono desesperado, se dicen que revelarán los fraudes a través de los cuales fueron electos los maridos de las otras, si no son favorecidas. Algunas no saben que también a través de fraudes, muchas de ellas fueron elegidas como esposas, si es que hubo, acaso, oportunidad de elegir.

   Entre los policías se despierta cierto nerviosismo. Ellos, hijos no reconocidos y mal alimentados de muchos de los altos funcionarios del pueblo, están convencidos de que por mucha tapa de pipote como escudo, no podrán con esos barriles macizos que representan las enormes humanidades de las señoras, todas regordetas, todas cachetonas, todas con bigote, todas con verruga, todas un espanto.

   El funcionario a cargo recibe el último comunicado. Se lo acaba de traer un niñito en bicicleta, quien después de entregárselo y sin mediar palabra, señaló a los malhumorados hombres al otro lado de la calle. La nota urgente rezaba acerca de la extraña casualidad entre el concurso, la ausencia de los alcaldes y la curiosa desaparición de muchas de sus esposas. El funcionario mostró la nota a la Primera Dama local, quien la arrugó fuertemente entre sus dedos y la dejó caer. Y respiró aliviada. Mientras su marido y los de las demás estuvieran echando su enésima cana al aire con las funcionarias electorales, esposas de los hombres de los municipios contiguos, su permanencia como primeras damas estaba asegurada.

   La manifestación se disolvió. Hasta disculpas se pidieron por dañarse los costosos peinados. Los collares no importaban, su mal gusto les hacía comprar pura fantasía. La corona se la entregaron al presentador del evento; de algo tenía que servir ser hijo del alcalde.
© Daniel Henríquez · Noviembre 2009

18 dic. 2010

Letras tras letra; palabra tras palabra


Voy a oprimir una sola tecla, pero para decirlo ya habré oprimido​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​, hasta este punto, ​sesenta y siete. Algunas, claro​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​, las oprimí más de una vez. Y no podía ser de otra manera, pues 25 signos gráficos son los únicos con los que contamos para armar las múltiples combinaciones con las que escribiremos infames decretos o sublimes y trascendentales piezas literarias. Punto y seguido. Demasiados caracteres que podría haber resumido con un punto, como el que sigue al final de esta oración. Es cómo en la música, que con unas pocas notas (y no voy a decir siete, porque en realidad son más de siete los sonidos involucrados en el sonoro arte) se hace música tan maravillosa, tan distinta, tan variada, pero también tan mala, comercial y superflua, como esa que frecuentemente nos atormenta en la radio, la tv, el transporte público o los pobres indigentes que usan celular sin audífonos.
Voy a oprimir otra tecla. Y entre ésta y la primera que oprimí, ya he oprimido varias, lo que me ha traido al segundo párrafo de esta disgregación semántica-sintáctica, que más bien se me antoja como un ejercicio de escritura, un poco más avanzado que el eme a, ma, eme i, mi ó erre o, ro, que alguna vez nos enseñaron con aquel librito de gigantes caracteres y rojas y subrayadas sílabas. Y todo esto porque me gusta escribir, pero lo hago poco. Porque soy capaz de imaginar una enorme habitación, de altísimas y blancas paredes, paredes lejanas del centro sobre el cual me encuentro parado, tan lejanas que cuando las ondas sonoras que codificadas por mi cerebro y hechas realidad física por medio de mi aparato fonador, alcanzan el otro extremo, les da flojera devolverse. Imagino esa inmensidad blanca, ese silencio obligatorio, ese agotamiento de los ojos que se esfuerzan por encontrar sobre la retina el reflejo del final. Y se me olvida que estoy encerrado, pero no lo puedo comprobar, sólo recordar que es así.
En la habitación no hay nada. De hecho no hay habitación. Las palabras escritas no son la habitación, son tan sólo unos signos puestos en lugar de la habitación. La habitación la puso usted o debo decir, la imaginó. Porque bien puedo escribir sobre una habitación que he visto, bien puedo escribir sobre una habitación que no existe. Y aunque la habitación exista, sólo es real si usted está en ella, de otro modo, está usted tan sólo imaginando la habitación real, por medio de las palabras que yo escribí. ¿Me sigue? ¡No es cierto! Acabo de voltear y usted no está detrás de mi.
Sigo oprimiendo piezas plásticas desde mi teclado QWERTY. Si no entiende, observe su teclado desde la "Q" y lea hasta la "Y" ¡QWERTY! Sé que el azar podría haberme hecho combinar letras y palabras de manera que hubiera comenzado este texto diciendo: En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme. O quizás: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. O quién sabe: Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha. Pero no, la primera frase fue "voy a oprimir una sola tecla" con la muy deliberada intención de ponerme a escribir.
Y con esta cuarta vez que oprimo la tecla enter, que cariñosamente llamaba de niño return, comienzo el quinto párrafo. Con esta segunda oración lo continúo; espero ser más coherente con esta oración relacionada. Pero si no lo lograse en esta tercera oración, debería ir pensando en dar por terminado este párrafo que no quiero que se llene de ideas demasiados extensas al punto de que sea difícil distinguir la idea principal de la secundaria sobre todo cuando se dá demasiadas vueltas girando alrededor por todos los lados circunferencialmente con el peligro que implica con eso caer en el punto en que se llega al sitio en el que de manera repetida muchas veces reiteradamente una y otra vez en la redundancia.
Voy a oprimir una sola tecla, esta vez sí, para terminar con una eñe final. Ñ
Daniel Henríquez - Sábado 18 de diciembre - ©2010