Ahí estaba, con sus manubrios amenazantes, dispuesto a atropellarme. Durante 15 angustiantes segundos no hize más que verlo directamente a los pedales para tratar de intimidarlo, pero de nada sirvió. Para mi era inexplicable como después de tantos paseos juntos en los que consolidáramos una envidiable relación juguete-dueño este pudiera ahora amenazarme con pedalear hacia mi con inteciones criminales.Poco a poco comenzó a avanzar hacia mi. Él avanzaba y yo retrocedía. Él hacía piruetas ridículas y yo me burlaba en su cara. Era todo un intercambio de sentimientos reprimidos. Estaba en desventaja: dos piernas contra tres ruedas; si no pensaba algo rápido, me iría muy mal.
– ¡Estás celoso! –grité con lágrimas sobre mis pecas–
Se me acercó agresivamente levantándose en dos ruedas como un furioso córcel, sonando histéricamente su campanita. Y volví a gritarle:
– ¡Estás celoso porque el mes que viene cumplo nueve años y tendré mi nueva bicicleta!
Por primera vez, mi triciclo dejó de “tintinear” y retrocedió dos pedaleadas. Parece que lo había herido en lo más profundo de su horquilla. Aún así, giraba sus pedales con desenfreno desmesurado en un intento de sostener su amenaza. Yo aún estaba muy asustado pero me atreví a dar dos firmes pasos hacia él.
– ¿Por qué lo haces? –dije sollozando–
– ¡TILÍN-TILÍN! –dijo él retorcido de rabia–
– ¡No me suenes la campana en ese tono! ¡Yo se lo que te pasa!, lo mismo me hicieron los patines cuando llegaste tu.
Como si lo hubieran marcado con hierro al rojo vivo, “picó rueditas” y dejando una espesa estela de humo blanco se enfiló hacia mí con el tintineo más estridente e intimidante que jamás hubiera imaginado que mi triciclo fuera capaz de hacer. Reconozco que haberlo comparado con los patines había sido demasiado.
La persecución que comenzó después es algo que no quiero recordar. Fueron varias humillantes cuadras las que tuve que recorrer, muchos amiguitos a los que tuve que ver por el vecindario muy cómodos sobre sus bicicletas, patinetas, carruchas y…y…y sus…eh…¡y sus cosas esas con tres ruedas!…ya ni el nombre quiero pronunciar…
Todo terminó tan mal que…eh…no sé…no quiero hablar de eso. ¡No por favor, no insistan!...mejor es que no…así debe ser…
2 comentarios:
Piensalo bien cuando vayas a cambiar de carro... si tres rueditas te atemorizaron, IMAGINATE 4 CAUCHOS!!!
Me encantó y me hiciste imaginar que reacción hubiera tenido mi radio grabador cuando lo sustituí por el Discman. Me hubiera enredado con la cinta de cassette. ¿Se hubiera atrevido ahorcarme? No quiero hablar de eso tampoco yo...también debe ser así!!!!!
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