16 ago. 2005

Un caso como otro.

Cuando se presenta un caso como el que se describirá a continuación, yo creo que ni tomando las medidas pertinentes se resuelve el asunto. Es el típico caso en el que el afectado es envuelto por un extraño síndrome de terquedad crónica y existe una idea fija en su mente que lo hace desvariar. Podría decirse, desde el punto de vista emocional, que es víctima de un total desequilibrio.

¿Qué hacer cuando un maniático insiste en afirmar que dormir es una pérdida de tiempo? ¿A qué consecuencias atenerse cuando un tonto aturdido logra demoler y reducir a escombros los fundamentos de la Escuela de Psiquiatria demostrando que sabe la explicación de lo que afirma?. Si, aunque llamado típico, es definitivamente un caso único. A diferencia de cualquier otro desquiciado, este no presenta los característicos signos : sensibilidad, irritabilidad, histeria y rechazo de su condición. Al contrario, en su comportamiento se evidenciaba una total serenidad, convicción, elocuencia, lucidez, y no sólo eso, sino que además estaba consciente de que estaba loco, lo reconocía y no se sentía víctima de la enfermedad, aun cuando su actitud de normalidad, en oposición a su estado consciente de locura, hiciera entrar en polémicas y contradicciones.

La explicación que dio fue la siguiente :

– Mire incrédulo, a caso usted no conoce la frase que reza "Las Matemáticas no mienten", pues bien, en ella me baso yo para decir lo que digo y que sé tengo razón. El dormir no sirve para nada. El tiempo que los demás usan para postrar sus pesares sobre la almohada yo lo consumo con pura actividad…

Tratamos de persuadirlo diciéndole que si el permanecia activo todo el día, las 24 horas completas, podría provocar en su organismo una fatiga innecesaria y que iría en detrimento de su metabolismo.

– No pero fijense que si yo hiciera las actividades en otras horas diferentes a las de supuesto sueño, perdería tiempo y no haría lo que tengo que hacer en esas horas. Ahora, si lo que tengo que hacer en el día lo hago en el día y las otras actividades las dejo para las horas nocturnas, quedaría equilibrada la cosa pues aun cuando hiciera esas otras actividades en el día, tendría que hacer las que no haría por falta de tiempo, en la noche; quedando demostrado que dormir no hace falta y es una pérdida de tiempo…

– Pero un momento, no me va negar que el cuerpo le exige sueño. Su cuerpo tiene que sentir, por naturaleza, la necesidad de dormir, ¿o no?…

– Si, si, esta bien, el cuerpo me exige sueño, pero como no puedo andar pendiente de esas necedades, no le hago caso. Además, aqui entre nos, aunque estoy en contra de él, el sueño lo inventé yo. Si, no me mire asi, lo inventé yo, pero fue por error. Fue hace millones de años, pero no se impresione, créame, soy de hace millones de años. Me imagino que se preguntará que si asi fuese yo no podría estar vivo. Le explico : cuando me di cuenta que dormir era una pérdida irreversible de tiempo, decidí que jamás lo volvería a hacer y como según otra de mis teorías, el tiempo avanza y se cambia de día, cuando se duerme, dejando de dormir quedé estacionado en un día hace millones de años atrás y es por eso que mi edad no ha avanzado tampoco…

No lo podía creer, hasta yo estaba empezando a creer en tal elocuencia y en tan convincente relato.

– Pero bueno, creo que he hablado demasiado. Como les dije al principio, yo me baso en la frase "las matemáticas no mienten" y escuchen por qué. Normalmente las horas de sueño son ocho y ocho es un tercio de día y por lo tanto la suma de todos los días daría un tercio de año. Ahora bien, si a este tercio de año le sumamos las cuatro posibles horas de más que dormiriamos los fines de semana daría un total de (52 SABADOS + 52 DOMINGOS = 104 días x 4) 416 horas más de sueño, es decir (416÷24) 17 días más, sobrando ocho horas. Si a eso le agregamos 2 horas diarias de siesta, ubicables en cualquier instante del día, en un año darían (365x2) 730 horas, también de sueño, o sea (730÷24) 30 días, sobrando 10 horas. Haciendo recuento : 1/3 de año (121 días, sobrando dos que se convierten automáticamente en un fin de semana, equivalente a 24 horas, 12+12, un día más); van entonces 122, si a esto le agregamos los 17 días, producto de los fines de semana, da un total de 139 a los cuales si le agregamos también los 30 días correspondientes a las horas de siesta se convierten en 169. A esto se le podría unir las 18 horas (8+10), más de medio día, que por redondeo se convertiría en uno más, ascendiendo la cifra a 170. Tomando en cuenta que por lo menos 1/3 de los días del año nos quedamos dormidos por accidente 1 hora extra, obtendriamos 122 horas de más (5 días + 2 horas). Finalmente tenemos 175 días, (a siete del medio año). Entonces, si en un año perdemos 175 días por sueño, en 30 años perderemos (175x30) 5250 días (14 años+220 días, que por redondeo se convierten en un año más; asi, 15 años). Por consiguiente, si de tantos años que vivimos, la mitad la perdemos durmiendo, queda demostrado que dormir es una estúpida pérdida de tiempo, pues si se pierde media vida durmiendo, yo prefiero aprovecharla toda despierto.

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