Llegaba muy temprano en su lujoso automóvil ejecutivo y se bajaba con su maletín ejecutivo, su traje ejecutivo, su corte de pelo ejecutivo y su bigotico ejecutivo. Lo primero que hacía, antes de efectuar unas llamadas por su teléfono ejecutivo, era saludar al personal ejecutivo que trabajaba bajo las ordenes ejecutivas que todos los días impartía. Tras tomarse un café ejecutivo, entrar a su oficina ejecutiva y sentarse en su silla, pues como ya saben, ejecutiva, comenzaba un nuevo día de trabajo ejecutivo, no sin antes leer el periódico ejecutivo que un empleado del mismo tipo, pues, le traía.
Según su agenda ejecutiva, lo primero que tenía que hacer era asistir a una reunión ejecutiva que tendría lugar en la sala de reuniones para ejecutivos donde se tratarían unos puntos de interes para todos los ejecutivos. Luego, dado lo prolongada de la reunión, se suspendían algunos compromisos ejecutivos, por lo que inmediatamente después se dirigía a un suculento almuerzo ejecutivo en un lujoso restaurante (no para ejecutivos, pero si a donde todos ellos solían ir). En el lugar, un mesonero ejecutivo lo atendía y al final le traía la cuenta, cuenta que sólo un ejecutivo podía pagar. Salía entonces del restaurante, satisfecho de haber disfrutado de tan envidiable almuerzo y se dirigía de nuevo a la oficina donde una recepcionista ejecutiva le daba las buenas tardes. Pero cansado éste como para atender más necedades ejecutivas y luego de firmar algunos documentos ejecutivos sin importancia, se metía en el baño para ejecutivos en donde, por supuesto, hacía (o fingía hacer) sus necesidades ejecutivas.
Allí pasaba toda la tarde ejecutiva, esperando que llegara la hora de salida ejecutiva para, ¡por fin! al despedirse de su secretaria ejecutiva y abandonar su oficina ejecutiva, convertirse nuevamente en una persona normal.
Según su agenda ejecutiva, lo primero que tenía que hacer era asistir a una reunión ejecutiva que tendría lugar en la sala de reuniones para ejecutivos donde se tratarían unos puntos de interes para todos los ejecutivos. Luego, dado lo prolongada de la reunión, se suspendían algunos compromisos ejecutivos, por lo que inmediatamente después se dirigía a un suculento almuerzo ejecutivo en un lujoso restaurante (no para ejecutivos, pero si a donde todos ellos solían ir). En el lugar, un mesonero ejecutivo lo atendía y al final le traía la cuenta, cuenta que sólo un ejecutivo podía pagar. Salía entonces del restaurante, satisfecho de haber disfrutado de tan envidiable almuerzo y se dirigía de nuevo a la oficina donde una recepcionista ejecutiva le daba las buenas tardes. Pero cansado éste como para atender más necedades ejecutivas y luego de firmar algunos documentos ejecutivos sin importancia, se metía en el baño para ejecutivos en donde, por supuesto, hacía (o fingía hacer) sus necesidades ejecutivas.
Allí pasaba toda la tarde ejecutiva, esperando que llegara la hora de salida ejecutiva para, ¡por fin! al despedirse de su secretaria ejecutiva y abandonar su oficina ejecutiva, convertirse nuevamente en una persona normal.

1 comentario:
Este individuo anormamente ejecutivo ten por hecho que al salir se iba derechito al bar ejecutivo para quien sabe en que horario de ejecutivo llegara a su casa normalmente como lo hacia....sin nada que brindarle a sus hijos victimas de los padres ejecutivos
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