YO, fulana, indecisa de estado civil, portadora de la cédula tal y de este domicilio, declaro que: en horas de la tarde de ayer fui violada por un tiburón martillo cuando inocentemente me bañaba desnuda en un acuario de la ciudad. Es para mi muy difícil hablar de lo ocurrido y confieso que el miedo llegó a tentarme para que no hiciera la denuncia, pero me fue imposible ocultarlo cuando el tiburón no pudo desatorar su "martillo" y distrajo entonces a los guías del acuario, pues víctima de la desesperación comenzó a moverse violentamente provocando en el agua fuertes turbulencias que denunciaron la obviedad del hecho.
Todo comenzó cuando durante el paseo dentro del acuario me entró un poco de calor y decidí desviarme del grupo para ir a refrescarme a alguno de los estanques. Me dirigí al más cercano porque me pareció que estaba vacío de animales, claro, al menos de animales peligrosos. Estando, pues, cerca de la orilla, me sentí un poco más fresca; ya me veía dentro del agua nadando con entera libertad e inmediatamente me quité la bluza y el sostén. Justo en ese momento pasaba un empleado que me preguntó muy extrañado -¡Señorita! ¿qué hace?- y como era una situación un tanto comprometedora le dije lo primero que se me ocurrió: …bueno, este, ¿sabe? soy sexóloga marina y estoy probando el efecto del agua de estanque de acuario sobre los senos de una mujer adulta. No me quedó más remedio que mojarme las manos y comenzar a manosearme los senos como si en realidad estuviera haciendo una prueba muy seria. Luego, después de que el empleado se retiró convencido de la situación, me quité el resto de la ropa y comenzé a acariciarme todo el cuerpo, simulando que seguía con las pruebas, claro está. Por un rato lo único que hize fueron pruebas, pruebas y más pruebas con mi cuerpo, y no quiero que con esto se piense mal, lo que pasa es que el empleado tenía cara de impertinente y pensé que podía regresar.
Cuando me sentí lo suficientemente "comprobada", y me aseguré además que el empleado no anduviera husmeando, me zambullí en el agua para refrescarme del calor, como ya había dicho anteriormente. El agua estaba helada, asi que desnuda como un pez comenzé a nadar y a disfrutar de esta inocente aventura a ciegas, y digo asi porque el estanque estaba muy obscuro. Pero no me importaba. No me importaba nadar sin saber con que me iba a encontrar. El único inconveniente que tuve, si se quiere llamar asi, fue cuando al cabo de varios minutos me estrellé con un enorme y fuerte vidrio. Era la ventana de exposición de ese estanque. Fue tan sorpresivo que apenas pude reaccionar y como en ese preciso instante pasaba un grupo de visitantes frente al gran vidrio, tuve que apelar de nuevo a lo primero que se me ocurriera, asi que chupándome los cachetes me puse a hacer figuritas con los labios para simular a un pez.
Pasé desapercibida y el grupo continuó con su recorrido. Inmediatamente a eso, ocurrió lo que estoy declarando: algo muy grande y fuerte, el tiburón, me separó violentamete las piernas y se me incrusto al final de ellas haciéndome excitantes cosquillas por las cuales no pude evitar gemir de emoción. Lo demás ya lo conté en las anteriores declaraciones y si, ya se que me han preguntado miles de veces que por qué no me aseguré de la presencia de ese tiburón martillo en el estanque y juro ante este tribunal, como también lo he hecho miles de veces, que no sabía que era martillo.
Todo comenzó cuando durante el paseo dentro del acuario me entró un poco de calor y decidí desviarme del grupo para ir a refrescarme a alguno de los estanques. Me dirigí al más cercano porque me pareció que estaba vacío de animales, claro, al menos de animales peligrosos. Estando, pues, cerca de la orilla, me sentí un poco más fresca; ya me veía dentro del agua nadando con entera libertad e inmediatamente me quité la bluza y el sostén. Justo en ese momento pasaba un empleado que me preguntó muy extrañado -¡Señorita! ¿qué hace?- y como era una situación un tanto comprometedora le dije lo primero que se me ocurrió: …bueno, este, ¿sabe? soy sexóloga marina y estoy probando el efecto del agua de estanque de acuario sobre los senos de una mujer adulta. No me quedó más remedio que mojarme las manos y comenzar a manosearme los senos como si en realidad estuviera haciendo una prueba muy seria. Luego, después de que el empleado se retiró convencido de la situación, me quité el resto de la ropa y comenzé a acariciarme todo el cuerpo, simulando que seguía con las pruebas, claro está. Por un rato lo único que hize fueron pruebas, pruebas y más pruebas con mi cuerpo, y no quiero que con esto se piense mal, lo que pasa es que el empleado tenía cara de impertinente y pensé que podía regresar.
Cuando me sentí lo suficientemente "comprobada", y me aseguré además que el empleado no anduviera husmeando, me zambullí en el agua para refrescarme del calor, como ya había dicho anteriormente. El agua estaba helada, asi que desnuda como un pez comenzé a nadar y a disfrutar de esta inocente aventura a ciegas, y digo asi porque el estanque estaba muy obscuro. Pero no me importaba. No me importaba nadar sin saber con que me iba a encontrar. El único inconveniente que tuve, si se quiere llamar asi, fue cuando al cabo de varios minutos me estrellé con un enorme y fuerte vidrio. Era la ventana de exposición de ese estanque. Fue tan sorpresivo que apenas pude reaccionar y como en ese preciso instante pasaba un grupo de visitantes frente al gran vidrio, tuve que apelar de nuevo a lo primero que se me ocurriera, asi que chupándome los cachetes me puse a hacer figuritas con los labios para simular a un pez.
Pasé desapercibida y el grupo continuó con su recorrido. Inmediatamente a eso, ocurrió lo que estoy declarando: algo muy grande y fuerte, el tiburón, me separó violentamete las piernas y se me incrusto al final de ellas haciéndome excitantes cosquillas por las cuales no pude evitar gemir de emoción. Lo demás ya lo conté en las anteriores declaraciones y si, ya se que me han preguntado miles de veces que por qué no me aseguré de la presencia de ese tiburón martillo en el estanque y juro ante este tribunal, como también lo he hecho miles de veces, que no sabía que era martillo.
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