Alli estabais ¡oh amada mia!
retorcida en el sucio suelo
como si miserables insectos quisiesen devorarte,
¿es que no os habiais dado cuenta ¡MIJA!
que ya era hora de acostarse?.
Recuerdo que irritada arrancabais tus cabellos
mientras que con amargura desenfrenada arañabais
tu frágil cuerpecillo de dama fina
que poco a poco tornábase rojo por la sangre
proveniente de las dolorosas heridas que inexplicablemente, para mi, te habíais hecho.
¡Levantaos! -gritaba yo con ansiedad-.
¡Levantaos! y dime que vuestra dulce inocencia ha querido
jugarme un treta -insistía yo con vehemencia-.
Alli estabais ¡oh tierno tesoro!
sin intenciones de convencerme
de que nada os ocurría, retorcida en el sucio suelo
como si miserables insectos quisiesen devorarte.
Si más que anhelar, imploraba por una reacción favorable
¿qué os impedía complacer una petición tan noble
como la de aplacar con una simple respuesta
la ansiedad que me consumía por no veros reaccionar?.
Pero comprendo.
Fue quizás el pestilente olor a descomposición que se desprendía de vuestro cuerpo sin vida y que desde hace varios días venía asumiendo con presunción la misma actitud, lo que había impedido que me contestarais, y no os culpo, pues alli estabais ¡oh blanca ave! que no desea ser cazada, retorcida en el sucio suelo como si…
¡Oh qué veo!…¡bachacos!…vida mia, cuanto lo siento…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario