15 feb. 2007

¡Viva el bululú!

(Rescantando otro de mis escritos jamás publicados. Este es de 1994. Y pensar que el mundo editorial se ha perdido de tanto...bueno, está bien, estoy exagerando. La realidad es que muchos de mi escritos de los primeros meses de vida de este blog, fueron escritos hace mucho, más que todo los relatos más largos, sólo que nunca hice la aclaratoria porque no me parecia pertinente. Y bueno, no es que ahora lo sea, lo que pasa es que, fíjense ustedes, resulta que...ok, me callo)

Todos lo aclaman. Ahi viene. Ya se acerca. El alborotador de multitudes. Dispersador de poblaciones y aglomerador de masas. Helo aquí : el bululú. El único hecho capaz de hacer salir a la gente de su casa un domingo por la mañana, llueva, truene o relampaguee.

Viene con nuevas expectativas. Nuevas formas de reunir un máximo de personas en un tiempo reducido. Nuevas excusas para un bochinche; distintas razones para armar un alboroto y para justificar una algarabía. Ya se empiezan a ver personas satisfechas con el escándalo formado, algunas con mala cara, simplemente porque les parece insuficiente el ajetreo.

Todos salen de sus hogares armados de altavoces, palanganas, sartenes y cuanta cosa haga ruido para formar parte de la gran marcha holocáustica que genera una inmensa alegría en el sentimentalismo tradicional de la popularidad y para justificar asi la tradición. Madres dejan de darle alimento a sus niños para que éstos, con su martirizador llanto, formen parte de la bulla agitadora de las masas. Las colisiones en plena autopista ocurren con toda la intención de aportar su granito de arena a la celebración.

A medida que va cayendo la noche la situación se va dispersando y todos vuelven a sus casa exhaustos, sin aliento, por el intenso día que ha resultado el venerar con barullos al bululú. Solo falta que, en la venida del alba, el gallo desafine cuando anuncie la salida del sol, de nuevo salgan todos averiguando que pasó y, aprovechando que suficiente gente curiosa se reunió en el sitio, empiecen de nuevo a manifestar el deseo de no perder la tradición que ha perdurado por siglos.

1 comentario:

Saucisse dijo...

Nada como una ola enloquecida de turistas asiáticos parados frente al edifico de Louis Vuiton, esperando para entrar y desbalijar la tienda!!