21 nov. 2006

***Autopsia en la autopista***

¿Por qué justo hoy, cuando siento que mi vida alcanza un nivel de normalidad y tranquilidad tan sólo comparable a las inmediaciones de un seguro social, me pasa algo asi? ¿Por qué cuando dirigirme a mi trabajo con la idea de conseguir cola en la autopista ya no me perturba, me pasa algo como esto? ¿Acaso es justo que víctima del sofocante calor en el que me veo involucrado tenga además que trabajar en plena calle?. ¿Tengo yo la culpa de que las muertes no se reporten?. Sin embargo, como el pobre tenía más de una semana de muerto en plena autopista ¿qué podía hacer yo?, lo que cualquier forense haría: "echarse el muerto encima".

Me estacioné, pues, junto al cadáver y aunque la cola empezaba a despejarse, todavía seguían algunos idiotas disminuyendo la velocidad para mirar y poner su cara de ¡Oooooh! que suelen poner. Me bajé, lo miré, lo olí, lo probé y, finalmente, vomité. Por supuesto que no fue una reacción de asco de mi estómago, la intención fue comparar la descomposición con algo igualmente asqueroso. Decidido entonces a aplicarle la autoposia tomé precauciones con respecto al tráfico; mi idea en principio fue colocar el triángulo de seguridad pero como andaba en la ambulancia de la morgue donde trabajo no me quedó otro remedio: saqué mi navaja, recorte la cruz de la puerta y como pude armé un triángulo. No me quedó todo lo equilatero que hubiera querido pero tenía que conformarme.

Saqué mi bisturí de un maletín (Si, de esos negros que están pensando) y comencé la exploración de la víctima. Su cuerpo, producto de la descomposición, se me deshacía en la manos y poco a poco, con mucho cuidado, fui despengándole la piel, luego, apartando trozos de carne, extraje los órganos vitales y unos cuantos metros de venas y arterias. La cabeza, que fue la última parte de su cuerpo que exploré, poseía reflejada en el rostro una enternecedora expresión de ingenuidad, asi que era innegable que antes de morir le habían prometido algo. Como mi curiosidad iba más allá de interpretar la expresión de su rostro, concluí el trabajo explorando los rincones de su cerebro.

Abrir el craneo no fue nada difícil. Para decirlo de alguna manera: ni una tapa de Tupperware hubiera salido mejor. Claro que adentro no había lo mismo que se suele meter en dichos envases. Se encontraba un cerebro pequeño y poco alimentado de información que valiera la pena. Me encontré con algunos malos pensamientos, aunque ya caducos porque no ofenderían a nadie. Ensimismado en descubrir la causa de su expresión, continuaba infatigable curucuteando entre neuronas y dendritas. Entre tanto, mientras pedía ayuda a los transeuntes (de esos que no utilizan la pasarela) para que me sostuvieran algunas tripas y visceras que se me habían regado, yo seguía ahi, empeñado, decidido, y de pronto, subitamente apareció ante mis ojos la respuesta a mi inquietud, era su último recuerdo. Con el pude descubrir que había muerto víctima de una autopsia, de una autopsia prematura. Seguro que había sufrido algún desmayo y algún forense recién graduado, emocionado por creerala se primera experiencia, le empujó litro y medio de formol sin constatar siquiera si respiraba y cuando se percató que comenzaba a atragantarse le dijo: Señor, no se muera y espereme aquí que ya vengo, no se vaya ¿oyó?…

5 comentarios:

x0 dijo...

solo un par de comentarios!!!!
* aun no he desayunado!!!! :S ... y peor aun
* Creo que ya se me quitaron las ganas!!!!

Lo que un día, no será. dijo...

No sé por que, pero me sentí en CSI. Mor fain!!!
jajajajajaja... Dios. Que tonta soy.
Me encanto el relato. Sobre todo la ultima parte

Unknown dijo...

Porque la vida del resto de las personas esta llena de acontecimientos poco comunes?

sera que nunca me va a pasar algo similar??

este no es el departamento de quejas.... Perdon..

Usuaria dijo...

Jejeje que historia tan loca!
Saludos pues!!

Fleischhund dijo...

My friend, espero estes muy bien, me tenia siglos sin entrar a tu blog, es buenisimo, me tripie que la historia paso frente a la parada de santa fe, cuidate